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Donde esta Dios? | JoelHRivas

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May 2012
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Donde esta Dios?

Esta pregunta es milenaria.  Tan antigua como el polvo de los siglos; el correr del tiempo, pero tan actual como el último latido de nuestro corazón.

Es la pregunta que surge cuando el hombre moderno se siente desconcertado frente a la furia de un huracán, la fuerza de un tsunami, el horror de un terremoto, la pérdida de vidas inocentes, etc.  ¿Dónde está Dios cuando todo esto sucede?

Es curioso que cuando nos sentimos impactados por algo que pone en peligro nuestra vida física, inmediatamente nos preguntamos del paradero de Dios, y cuando no lo hayamos como lo queremos, decimos que, una de dos: A Él no le importan las cosas que amenazan con aniquilarnos o Él no tiene suficiente poder para ayudarnos.

Yo deseo poner mi granito de arena a este asunto o este cuadro de nuestra sociedad moderna y sofisticada.  Así, de inmediato, a la pregunta ¿Dónde está Dios?, contesto: “Donde lo hemos posicionado o lo hemos relegado”.

Lo que pasa con esta cultura nuestra es que no nos sentimos cómodos con un Dios ‘muy cerquita’.  Tal parece que si Él está ‘cerquita’ tendremos que ser muy cuidadosos de lo que hagamos o, sencillamente parecernos al ‘necio’ del Salmo 14 quien, una vez que despidió a Dios de su vida, inmediatamente llegaron la corrupción y las obras abominables; pero para este necio no hubo necesidad de sentirse mal o incómodo porque Dios ya estaba ‘muy lejos’ de él (Salmo 14:1).

Entonces, yo creo que nuestra sociedad debería simplemente decir, de una vez por todas: “¿Sabes que, Dios?, mientras más lejos estés de mí, mucho mejor.   Así, no tendré que vérmelas con un sentido de culpa o, en otras palabras, podré fluir con las modas o tendencias de mis contemporáneos.  Después de todo, ‘todo mundo lo hace’, y se me hace más fácil “seguir la corriente” que ir ‘en contra de la corriente’.

Dios, por supuesto, tiene el derecho de decirnos a nosotros en forma individual “Hágase tu voluntad” porque, aparentemente, estamos cansados de decirle a Él en nuestra oración: “Hágase Tu voluntad.”

Por otro lado, ¿por qué, en nuestros desconciertos con la furia de la naturaleza y otras vicisitudes de la vida necesitamos preguntar ¿Dónde está Dios? si ya conocemos el lugar donde lo hemos puesto?

Sin embargo – y esto es lo más curioso – cuando decidimos tomar una decisión moral que de antemano sabemos que es contraria a Sus preceptos y estatutos, nunca nos acordamos de saber si Dios está de acuerdo con la decisión rebelde que hemos tomado; mucho menos decir: ¿Qué pensará Dios de esto que acabo de definir en mi propio criterio?

La pregunta ¿Dónde está Dios? podemos acomodarla o gritarla cuando en el aspecto físico vemos un peligro para nuestra vida.  Pero cuando se trata de algo que también amenaza con nuestra vida interior o la base de nuestras relaciones con Él en el aspecto moral, no nos preguntamos nada.  Que no se le ocurra a Dios venir a molestarnos en nuestra posición sobre el aborto, el homosexualismo en todos sus aspectos o en el homicidio deliberado, o la infidelidad marital, etc.

El presidente de esta país acaba de declarar en público su posición en cuanto al matrimonio entre dos individuos del mismo sexo.  El próximo 6 d Junio, este señor asistirá a un banquete organizado y ofrecido por ese grupo de personas que incluye a lesbianas, homosexuales, bisexuales y trans-géneros.  Les aseguro que en este cuadro de cosas no surge jamás la pregunta ¿Dónde está Dios?  Más bien la pregunta en envuelve en una declaración – si no es con la lengua, lo es con el desafío y altivez del corazón actual – “en este entorno, Dios, Tú no cabes.  Nos hemos levantado las mangas delante de Ti, y ‘éntrale, a ver de a cómo nos toca’. Después de todo, esto es algo que Franklin Graham, el hijo del gran Evangelista, Billy Graham, ha dicho de lo que el presidente acaba de hacer: “The president is shaking his fists before the Almighty”: (El presidente le está diciendo a Dios: “éntrale”).  Te aseguramos, Dios, que si alguien te menciona por estos lugares, nos burlaremos de Ti y de él o ella.”

Bueno, lo cierto es que existe una amenaza más grande y más tremenda que los terremotos, los tsunamis, los huracanes, etc.  Es la amenaza de la muerte del alma, o como lo dice Pablo en su carta a los Romanos, capítulo 1, versos 24 y 28, cuando Dios “entrega” al hombre a sus propios criterios.

Dios no le da al hombre una paliza porque hace el mal y va en contra de Sus preceptos.  Dios simplemente “ENTREGA”, es decir, se hace a un lado.  Y no hay otra separación más horrible que cuando el alma está separada de Dios.

Al ver el cuadro de tantos desastres y tanto desamparo y tanta enfermedad y tanta tragedia, decimos: “el infierno anda suelto”.  Pero eso no es nada, que el hombre espere el momento cuando “el cielo se suelte”.  Ese momento será, entre otras cosas, cuando los hombres pedirán a las rocas que caigan sobre ellos para esconderlos de la ira de Dios, Apocalipsis 6:15-17.

Es un hecho que Dios es soberano sobre el aspecto físico de nuestra vida y del aspecto moral.  Simplemente lea lo que Dios puede hacer con ambas fases del espíritu humano: Mateo 10:28.

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